feb 282012
 

Una integrante del Ejército Rojo de nombre Ninel Kulagina era capaz, en situaciones emocionales críticas, de mover objetos distantes sin que mediara una intervención corporal evidente; la investigación científica en torno suyo hace de este uno de los casos más irrefutables de telequinesis.

La telequinesis es uno de esos fenómenos que por estar encasillados en la categoría de lo paranormal no siempre obtienen la atención o la seriedad que merecerían. Aunque es cierto que a esto han contribuido charlatanes cuyos trucos al final han sido evidenciados, otros personajes merecen por lo menos el llamado “beneficio de la duda” ante lo increíble de las habilidades demostradas y la aparente autenticidad de las mismas.

Y este podría ser el caso de Ninel Kulagina, una soldado del Ejército Rojo que descubrió que en situaciones emocionalmente críticas, especialmente si se enojaba mucho, ejercía una especie de control mental en la habitación donde se encontraba. Al principio pensó que se trataba del fenómeno conocido técnicamente como “poltergeist”, en el una fuerza energética exterior se manifiesta con acciones inexplicables a no ser por la intromisión de dicha entidad. Sin embargo, Kulagina se dio cuenta que el movimiento aparentemente autónomo de objetos provenía de ella misma y no de un espíritu o cualquier otra entidad metafísica.

Lo curioso es que este descubrimiento no la sumió en el pánico sino que, por el contrario, la mujer aprendió a dominar su habilidad, a someterla a su voluntad e incluso ofrecerla al estudio de la ciencia. Entre las muchas exhibiciones dadas por Kulagina con estos fines científicos, se encuentran los exámenes conducido por Edward Naumov y Genady Sergeyev, quienes en sendas ocasiones dejaron constancias de cómo Kulagina podía encender fósforos o romper huevos sin tocarlos (en el caso de estos últimos, incluso separando la clara y la yema, llevando a cada una a extremos opuestos de un tanque de agua). Asimismo, se dice que en cierto momento la mujer trascendió la barrera de lo inanimado y ejerció la telequinesis sobre materia viviente al acelerar y después detener el corazón batiente de una rana suspendido en una solución, esto manipulando directamente las células del órgano.

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ene 112012
 

En la noche del 3 de febrero de 2011, durante los recientes disturbios desatados en El Cairo, fué emitida una escena en el canal de TV de Euronews, que ha causado un gran impacto en los espectadores. En mitad de los actos de protesta popular, aparece una extraña visión en la que se puede apreciar algo parecido a la silueta de un jinete con caballo, de un color amarillo verdoso, o dicho de otro modo, un Jinete Pálido, que los primeros observadores de la Red ya han relacionado con el 4º Jinete del Apocalipsis.

 

Lo más desconcertante además, es que el caballero y su equino, de la pálida figura, y que parece portar vestiduras antiguas, se mueve y avanza decidido por entre los manifestantes y en medio de la vía pública, como flotando por el aire, en una carrera ascendente.

Los 4 Jinetes del Apocalipsis aparecen en el capítulo 6 del mismo libro que cierra las Sagradas Escrituras.

“Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fué dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”. Apocalipsis cap 6 vers 7 y 8.

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ene 112012
 

Este interesante articulo lo encontré en la revista masalladelaciencia.es, espero que sea de su interés.

 

Una de las supervivientes del trágico accidente confirma las apariciones. En 1972 el Vuelo 401 de Eastern Airlines se estrelló en una zona pantanosa de Miami (EE.UU.), lo que provocó la muerte de un centenar de personas. Poco después otros aviones de esa compañía comenzaron a informar de extraños sucesos a bordo. Varios testigos aseguraban haber visto a algunos de los tripulantes del 401 fallecidos.

Es un episodio desconcertante que escapa a todos los tópicos conocidos sobre las apariciones fantasmales. En esta ocasión no se trata de una casa desvencijada ni de un viejo castillo. Estamos ante unos sucesos que alcanzaron fama mundial gracias al periodista y escritor John G. Fuller, que en 1976 publicó el caso en su libro.

The Ghost of Flight 401 (El fantasma del Vuelo 401), un trabajo que sería ampliado dos años después por su esposa Elisabeth Fuller en My Search for the Ghost Flight 401 (Mi búsqueda del fantasma del Vuelo 401) y que fue llevado a la gran pantalla por el director William Schatner con el título The Crash of Flight 401 (El accidente del Vuelo 401).

Nos referimos a las supuestas apariciones del capitán Bob Loft y del ingeniero Don Repo, fallecidos en el terrible accidente de aviación del Vuelo 401 de la compañía que tuvo lugar en Miami (EE.UU.) el 29 de diciembre de 1972. Por increíble que pueda parecer, se trata de manifestaciones constatadas por más de una decena de personas que conocieron a ambos tripulantes: pilotos, azafatas y compañeros suyos en la citada compañía. MÁS ALLÁ ha viajado a la ciudad estadounidense para entrevistar a Mercedes Ruiz, una azafata que sobrevivió a la tragedia y que fue testigo del extraño ambiente que se vivió después de la catástrofe aérea. Hasta ahora este escalofriante caso había sido catalogado como leyenda urbana. Pero ¿lo era realmente? Gracias a la colaboración del escritor Carlos Canales (www.carloscanales.com), contertulio habitual de La Rosa de los Vientos de Juan Antonio Cebrián (Onda Cero), pudimos localizar a nuestra protagonista.

Los últimos minutos del vuelo 401

29 de diciembre de 1972. A las 21:00 horas el avión Tristar Jet L–1011 de la Eastern Airlines N 310, registrado como Vuelo 401, despegó del aeropuerto JFK de Nueva York rumbo a Miami. Bob Loft, el capitán, inició el despegue con toda normalidad. En la aeronave viajaban 176 pasajeros y 13 miembros de la tripulación. El aparato llevaba cuatro meses haciendo la misma ruta, y tenía en su haber mil horas de vuelo y quinientos aterrizajes. “Ese vuelo –recuerda Mercedes Ruiz–no presentaba nada diferente a cualquier otro. Salimos con un poco de retraso de Nueva York y llegamos a Miami sobre las 23:30. Empezamos a verificar todo en cabina para iniciar el aterrizaje y nos sentamos en nuestros asientos, que, como ustedes saben, están al lado de cada una de las puertas.” Fue un recorrido tranquilo hasta que a las 23:32, después de haber solicitado a la torre de control de Miami los permisos necesarios para iniciar la maniobra de descenso, el capitán, el primer oficial de vuelo, Albert Stockstill, y el ingeniero Don Repo se percataron de que algo no marchaba bien. En el cuadro de mandos una de las tres luces verdes encargadas de señalar cualquier contingencia en el funcionamiento del tren de aterrizaje no dejaba de parpadear. Los indicadores mostraban que la rueda ubicada en la parte delantera, debajo del morro del avión, estaba bloqueada. Algo inusual que no había ocurrido en ninguno de los trayectos que había realizado aquel avión desde agosto de 1972. Bob Loft, de 55 años, Albert Stockstill, de 40, y Don Repo, de 50, decidieron poner remedio a aquel imprevisto. Tras abortar el aterrizaje ascendieron a 2.000 pies. Conectaron el piloto automático y empezaron a volar en círculo sobre el Parque Nacional de los Everglades mientras intentaban descubrir qué había originado el fallo mecánico. Don Repo se desabrochó el cinturón de seguridad y se dirigió al foso del infierno, también conocido como “banco del infierno”, una pequeña trampilla cuadrangular que da acceso a la parte inferior del avión y a los compartimentos del tren de aterrizaje. Sin dudarlo un instante se introdujo en el claustrofóbico habitáculo para encontrar la avería y descartar que fuera un error del cuadro de mando. Si la rueda estaba bloqueada, podría solucionarse manualmente. Si no lo estaba, se debería a un mal funcionamiento del dispositivo luminoso. Pero los tejemanejes del azar o el destino quisieron que justo en ese instante se desactivara el piloto automático sin que nadie en la cabina reparara en ello. El Vuelo 401 comenzó a perder altura. Nadie percibió el descenso. Ni siquiera las dos llamadas desde la torre de control del Aeropuerto Internacional de Miami –cuyos trabajadores habían observado el ilógico comportamiento del avión en los radares– alarmaron a los miembros de la tripulación. El avión se precipitaba contra el suelo a una velocidad de 366 km/h hacia el área pantanosa de los Everglades.

 

Comandante, primer oficial e ingeniero de abordo.

“Nos sentamos –prosigue Mercedes Ruiz reviviendo el fatídico instante que cambió su vida– y en algún momento pensé que estábamos tardando en aterrizar. Miré través de una de las ventanillas y me di cuenta de que las luces de la costa de Miami habían quedado atrás, lo cual me sorprendió. Entonces me quité el cinturón y fui a buscar a mi compañera, que estaba al otro lado del avión: `Pat, ¿qué pasa, que no aterrizamos?´, pregunté. Ella contestó: `Seguramente hay mucho tráfico´. Unos minutos después sentí un fuerte golpe en mi mano derecha y el avión giró hacia la izquierda con violencia. Todo fue muy rápido. Recuerdo que grité. Vi un relámpago de luz y después todo se quedó en silencio.”

 

 

 

Así quedó el avión.

ene 112012
 

En el origen de las tradiciones británicas sobre las calaveras aulladoras podría estar el culto a los cráneos de los celtas, basado en la creencia de que la cabeza es el asiento del alma, el centro de las emociones y de la misma vida. En esta cultura, el cráneo de un familiar era conservado para que su espíritu velara por sus seres queridos y el cráneo de un enemigo debía ser tratado con respeto para que su espíritu no atrajera desgracias.

En el Antiguo Egipto, antes de que se comenzara a practicar la momificación (hacia el año 3.000 a.C.) también se rendía culto a los cráneos.

Una calavera aulladora es un cráneo humano de origen incierto que supuestamente provoca desgracias, fenómenos tipo poltergeist y que, sobre todo –y a ello debe su nombre–, “grita” cuando es desplazado del lugar que ocupa en una mansión.

La más famosa es una que reside en Bettiscombe Manor (Dorset, Reino Unido). En 1685 el propietario de la casa era un hombre llamado Azariah Pinney que participó en la Rebelión de Monmouth para derrocar al rey Jaime II. Después del fracaso de la revuelta, Pinney fue desterrado a la isla de Nevis, una colonia británica en las Antillas. Allí se convirtió en un próspero hombre de negocios gracias a la caña de azúcar. Cuando falleció, en 1720, le dejó todo a su nieto, John Frederick Pinney, que se había criado en Bettiscombe. Sin embargo, cuando este viajó a Nevis se mostró horrorizado por el sistema de esclavitud establecido en las plantaciones y cedió su herencia a su primo,
John Pretor. John Frederick regresó a Gran Bretaña y trajo consigo a un esclavo negro que antes de emprender el viaje le había hecho jurar que le daría sepultura en su tierra natal. El esclavo falleció, pero Pinney faltó a su palabra y lo enterró en el cementerio de Bettiscombe. A partir de entonces y durante varias semanas el sueño de los moradores de la mansión se vio perturbado por quejidos, gritos y golpes. Pinney exhumó el cadáver y lo depositó en el desván. A partir de entonces cesó toda actividad paranormal. No se sabe por qué, pero tras varios años de los restos del esclavo solo se conservaba su calavera, desprovista de la mandíbula.

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